19/09/2011

Azul... verde... turquesa... ¿Y a ti que más te da?

Aquel oso tenía el pelo de color azul, y eso, es un hecho. Partiendo de ésta base les contaré también que en el sitio donde se desarrolla ésta historia, por mero capricho del autor y como recurso literario, todos los personajes residentes del lugar, serán daltónicos. El oso, para dar mas intriga a la situación será adoptado por sus padres en un país extranjero, y tendrá bien su visión. Además del oso azul, habrán otros personajes interesantes, como sus padres (mama y papa) o el amante trovador con el que mantiene un affaire el oso (también extranjero, como el resto de sus amigos que pasan por ciudad Daltonismo durante un viaje para dar un concierto en la capital, un dato relevante para la historia, ellos, tampoco son daltónicos).

El asunto es que oso azul, se sentía muy raro en aquel lugar, era el único oso de color azul de aquel sitio. un día en clase (Por que sus padres querían que Oso azul fuera un oso de provecho y le hacían estudiar) estuvieron debatiendo sobre el arcoiris, y si estaba hecho o no de algodón de azúcar... tras una charla muy productiva, se llegó a la conclusión de que no, pero fue una charla muy estimulante. Entonces llegó el tema... color del pelaje de un oso, según su procedencia. El profesor explico los diferentes colores que puede tener un oso, pero no explico el azul, y Oso azul tenía curiosidad. 

- ¿Profesor? ¿Y los osos de color azul como yo? ¿De dónde somos? 

- ¿Perdona? ¿Cómo que azul? Pero si tu eres verde. - Dijo el profesor tras mirarle de arriba abajo.

- ¿Cómo vas a ser azul? Ve al oculista ¡Verde! - Dijeron todos los compañeros al unísono.

Aquello aturdió a Oso azul, el siempre se había visto azul, cuando se miraba al espejo sabía que su tono de pelo era casi del mismo tono que el de unos vaqueros corrientes. Azul de toda la vida. ¿Ahora era verde? Él no paraba de preguntarle a uno y a otro sin parar, y todos le decían lo mismo... "Eres verde". No podía ser... el se sentía azul, sabía que era azul ¡lo sabía! O... ¿estaba equivocado? "¡Oh dios mio! ¡Toda mi vida he sido verde y no lo sabía! ¡Soy un maldito oso verde!" pensó Oso azul. El asunto es que se rayo mucho y se fue corriendo y llorando del pueblo, pero estaba muy cansado y acabo haciendo auto-stop. Le recogió un oso robusto en una furgoneta un poco vieja. Se gustaron al instante. Y mantuvieron sexo en la parte de atrás, que era más espaciosa. 

Cuando llegó la hora de remolonear en la cama, Oso azul se vistió y dijo que tenía que irse, seguía rayado con eso de ser verde, después de estar toda una vida pensando que era azul y tenía que hacer un viaje a lo más profundo de si mismo como en las películas. Entre una cosa y la otra, Oso Azul acabó contandole toda la historia al hombre que se había encontrado haciendo auto-stop, que por cierto es el trovador del que hable antes, que por cierto, acaba siendo el amante de Oso Azul... (¿Me estoy yendo por las ramas?).

- Pero si eres azul... ¿De que estás hablando?

- Pero... pero... ¿pero como voy a ser azul? ¡Soy verde! ¿No lo ves?

- Pues no, eres azul...

- Pero la gente en el pueblo me decía que soy verde...

- Tío... para empezar a la gente le tiene que dar igual del color que seas y para continuar... ¿eres de ciudad Daltónica, no? ¿Hola? ¿Te crees que se llama así por gusto? El autor le ha puesto ese nombre para dejar claro que es una ciudad de gente daltónica.

- Ah... pues también es verdad...

Y así es como oso azul se dio cuenta, de que lo que diga la gente se la tiene que pelar, que el es del color que es y punto, y que cada uno puede tener una opinión diferente sobre los colores... sobre todo si es daltónico. 

¡Ups! Antes he dicho que iban a aparecer los padres del oso en el cuento... eh... sí, es que... se me paso, el caso es que ellos estaban preparando una comida muy rica para poder decir... y vivieron felices y comieron... Paella de arroz preparada por mama y papa oso.

Él y yo

Se acerco a mí, despacio. Mientras se aproximaba pasaba la lengua con suavidad por sus labios, se paró justo a unos centímetros de mi y sentí sus palabras salir suavemente en un susurro. No importaba lo que estaba diciendo, su respiración ya se encargaba de aclarar que me deseaba. Y yo le deseaba a él. Tan solo estábamos a un segundo de acariciarnos. Pero en vez de eso bajó la mirada. Y yo le agarre del mentón por que sabía que ese gesto no traía nada bueno, tan solo dudas trepando por su mente hasta hacerle volver a salir corriendo. Pero esta vez no deje que pasara, le besé, y no hizo falta decir nada más, los dos lo comprendíamos. No importaba nada, tan solo ese segundo, ese beso... él y yo, amándonos.

01/09/2011

Estructura Irregular


Antes quería que todo fueran lineas rectas. Aprendí que nunca lo son. Al principio me preocupaba de mantener todo mi espacio personal dispuesto en perfecta armonía geométrica, hasta el punto en que si un libro sobresalía en una estantería, lo tiraba. No quería que nada arruinara mi perfecta distribución. 


Conseguí llevar a cabo mi empresa durante mucho tiempo. La ropa, siempre con corte recto, fuera los peinados modernos y asimétricos que tan de moda están siempre. Mis amigos se adaptaron a mi nueva situación, pero pasado un tiempo, me percaté de que a la gente le resultaba un poco incomodo tener que andar sin hacer curvas cuando yo estaba delante, por que me ponía nervioso. También tuve problemas con algunas decisiones empresariales que afectaban a los artículos que consumía, no sabéis lo mal que me sentó que cambiaran los packs de leche por botellas irregulares, me ponía enfermo. Incluso envié unas cuantas cartas para quejarme... pero nunca obtuve respuesta. 



Un día una amiga me regaló una camiseta de una tienda llamada irregular... hasta el nombre me molestaba, tenía una manga más larga que la otra y el cuello era una abominación asimétrica. Pero entonces la miré, tenía una expresión cándida en su rostro, estaba muy emocionada con su elección y esperaba que me entusiasmara. Yo no era capaz más que de odiar aquella prenda. Pero la pobre me miraba y yo... sonreí. Y me la puse para agradarla. Al cabo de un rato con aquella abominación textil sobre mi cuerpo... me di cuenta de que no era tan terrible. La camiseta me daba un aspecto desenfadado, incluso era cómoda. En ese momento, empece a pensar que quizás mi obsesión por las lineas rectas... era un poco exagerada. Estaba bien eso de tener una estructura sobre la que establecer unas bases, pero no es malo que las lineas se rompan un poco. Por que al fin y al cabo, no pasa nada por que un libro sobresalga en la estantería...

Sonría por favor




Querido desconocido, quiero que cuando acabes de leer esto, sonrías. Sí, quiero que sonrías. Es muy importante que lo hagas. Porque el mundo no es demasiado amable, pero siempre respeta a los que son capaces de sonreír. 
¿No me crees? Lo comprendo, yo tampoco me habría creído que sonreír es tan importante, si me lo hubieran dicho hace algunos años. 

Todo empezó en Málaga. Yo estaba dando una vuelta por el paseo marítimo de la Malagueta, disfrutando de la brisa que hacía que el caluroso verano pareciera un poco menos bochornoso. Estaba esperando a unos amigos para ir al Centro a tomar algo. Había quedado a las ocho pero yo fui antes porque no había tenido muy buen día y quería despejarme. No sabía que hora era por que me había olvidado el móvil en mi casa. Pero intuía que mis amigos se estaban retrasando. 

Sentado en un banco, vi a un hombre mayor que se comía un helado. Se había manchado la barba. Recuerdo que me resultó un poco ridículo. Me acerqué a él para pedirle la hora y sacó un reloj de su bolsillo. Yo estaba muy serio, no me agrada demasiado hablar con desconocidos y, como antes he mencionado, no estaba de buen humor.
Tras sacar el reloj, miró la hora. Yo estaba delante suya, con semblante serio, y me miro durante un segundo antes de hablar. Frunció el ceño divertido y me dijo «Te diré la hora si me prometes que a la próxima persona a quien te dirijas, le dedicarás una sonrisa». Aquello me pareció absurdo y durante un momento no supe qué decir; yo estaba deseando que me dijera la hora y me dejase en paz, así que le dije simplemente que sí, que lo haría.

Eran las ocho y media. Se estaban retrasando. Quizás me habían llamado para decirme que se iban a retrasar, pero yo me quedé allí esperando un rato más ya que no llevaba el móvil encima. Cuando me hube cansado de quedarme allí plantado como un idiota, me fui; me apetecía un té y no iba a quedarme sin él por que mis amigos fuesen una panda de impuntuales. No recuerdo el bar al que fui, lo que recuerdo es que me dirigí hacia el Centro de la ciudad, como tenía planeado desde un principio hacer si mis amigos hubieran acudido a la cita como habíamos acordado. Cuando llegué, me senté en una terraza al fresco, tuve suerte de poder sentarme en una mesa, por que el sitio estaba bastante abarrotado. 

Una chica con el pelo corto y una diadema de flores estaba dando un pequeño concierto para los clientes, así que me quedé allí disfrutando de la fantástica noche y de la música durante un buen rato.

De repente me puse a pensar en lo que me había dicho aquel hombre; debía de estar loco, aquello era ridículo. ¿Sonreír a la próxima persona con la que hablara? Aunque tampoco me costaba nada y le había dicho que lo haría. El camarero se acercó y me preguntó que quería tomar. Lo mire un instante y me dije «¡¿Qué diablos?!». Le dediqué mi mejor sonrisa mientras le pedía un té con leche. Él me sonrió también, me trajo el té y además un pastel de chocolate que yo no había pedido. Cuando se lo fui a devolver, por que pensaba que se había equivocado, me dijo que era de parte de la casa. Yo me sentí un poco azorado y le dije que no hacía falta, pero él me cogió la mano, me volvió a sonreír como la primera vez que se dirigió a mi, y me dijo «Llevo un día horrible y eres la primera persona que me sonríe hoy, me hacía falta un poco de amabilidad», no supe que decir, así que acepte la tarta y no dije nada más. 

Y ésta es mi historia. Sé que no es gran cosa, pero para mí sonreír se convirtió en algo muy importante. Ahora, si me disculpan, voy llevarle a la cama a Tomás, que así se llamaba el camarero, un té y un trozo de tarta.