Capitulo 1: No te esperes nada.
Suspiró lentamente, y decidió que era hora de levantarse de la cama. Dudó entre prepararse primero el café o darse una ducha, pero finalmente se decidió por el café. Tomas tenía el pelo negro y la piel muy blanca, y llevaba puesto unos pantalones de pijama un poco dados de si, que se tenía que subir continuamente para que no se cayesen. Mientras el café terminaba de hacerse, encendió un cigarrillo y espero apoyado contra la nevera. Volvió a suspirar. No iba a ser un buen día.
Se preparo un café bien cargado, y le añadió bastante azúcar. Mientras se lo bebía sonó la sirena del colegio que había cerca de su casa, ya eran las nueve. Sonrió recordando sus días entre aquellas paredes y se preguntaba si ahora enseñarían a los niños algo más que lengua, ingles o matemáticas. Si hubiera sido por él, habría enseñado a los niños cosas más útiles, de esas que nunca te explica nadie y te pillan por sorpresa, como superar una relación o aprender a decir te quiero. Seguro que todo sería más fácil si enseñaran a las personas a querer sin temor desde que son pequeños, pensó.
Apuró el café y se fue a dar una ducha. El agua estaba un poco fría, para variar, pero tenía un poco de prisa así que se resignó. Se puso unas deportivas azules, unos vaqueros un poco gastados y una camiseta verde, y ni siquiera se peinó.
Miró la bolsa que había sobre la mesa del salón, donde había guardados tantos recuerdos y tuvo que contener las lagrimas. Pero se le daba bien, se había acostumbrado. Respiro un par de segundos y cogió aquel símbolo de cosas pasadas, luego rebuscó las llaves del coche en su mochila y abrió la puerta. Notó un empujón que le hizo dar un respingo hacia atrás, y vio como un hombre algo nervioso cerraba la puerta tras de si.
- Shhhh... no te asustes soy tu vecino. - dijo el tipo en voz baja. Pero no hubiese hecho falta, Tomas estaba demasiado anonadado con la situación como para decir nada. - Tienes que hacerme un favor. Asómate y dime si el tío ese que parece un armario se ha ido.
Tomas acababa de mudarse, así que no conocía apenas a sus vecinos. Pero desde luego, pensó, esta era una manera más que curiosa de conocer a uno de ellos. No terminaba de creerse lo que estaba ocurriendo, pero accedió a la petición. Abrió la puerta y vio a un hombre enorme golpeando la puerta de enfrente. El tipo tenía una mirada muy agresiva y era calvo, pero lo que más sorprendió a Tomas no fue aquella mirada, sino que realmente parecía un armario, estaba extremadamente musculado, tanto que parecía que la camiseta que llevaba puesta iba a estallar.
Tomas hizo el amago de cerrar su puerta con llave y cuando el tipo lo vio dejo de golpear la puerta para escabullirse discretamente (todo lo discretamente que podía un hombre de aquel tamaño) escaleras abajo. Cuando se aseguró de que el hombre ya no estaba allí volvió a abrir la puerta y vio al intruso en actitud nerviosa y mordiéndose las uñas.
- Ya se ha ido - dijo Tomas.
- Gracias a dios... disculpa, por favor no quería meterte en éste lío pero ese hombre lleva más de un mes molestándome. Soy Juan por cierto. - Juan aparentaba tener unos 25 años, tenia el pelo corto y negro, la piel bronceada y una barba espesa y bien cuidada.
- ¿Y quién es? - Preguntó Tomas curioso.
- Mi casero - Dijo Juan algo azorado. Pero enseguida recuperó la sonrisa. - Digamos que llevo más de la cuenta sin pagarle el alquiler. Bueno yo ya me iba, que no quiero molestar. Muchas gracias... - Aguardo a la espera de que Tomas le dijera su nombre.
- Tomas - Dijo aun algo aturdido por toda la situación.
- Gracias Tomas, - Juan le dio un beso en la mejilla y salió por la puerta tan rápido como había entrado.
Tomas llevo la mano donde Juan le había dado el beso y comenzó a reír a carcajadas, aun algo nervioso por la situación. No sabía si el día acabaría siendo tan malo como se había imaginado, pero desde luego aquello auguraba que no iba a ser un día normal.






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