21/07/2010

Silencio



El coche iba a bastante velocidad, a ese ritmo llegarían rápido. Se miraban disimuladamente por el rabillo del ojo. Ambos procuraban sonreír, pretendiendo que todo estaba bien. Y mientras el paisaje iba pasando fugaz por la ventanilla, una sensación desesperanzada iba creciendo en el interior de aquel coche. 

Julio comenzó a disminuir la velocidad del coche a la vez que su respiración se aceleraba. Mientras tanto, Agustín le tomo la mano y sonrió con melancolía, pensando inocentemente que quizás conseguiría llevar un soplo de esperanza al corazón de aquel esbozo borroso que ya tenía los ojos húmedos. Habían llegado. 

Agustín no sabía que hacer ¿Qué podía decir? Había repasado mentalmente muchas opciones, pero ninguna significada nada. Maldecía una y mil veces no ser más locuaz, no haber encontrado las palabras adecuadas.

Lo que Agustín no sabía es que Julio había oído demasiadas palabras... y ya no significaban nada para él¿Por qué debían de hacerlo? Al fin y al cabo solo eran sonidos articulados por nuestro aparato fonador; ridículas vibraciones inútiles que servían para alimentar los egos, para herir los corazones, para humillar a los seres humanos... entre otro sinfin de usos ridículos... pero que más da; desde luego no servían para calmar el alma. 

No la suya.

Ya no. 

Ahora las palabras estaban sucias. 

¿Cómo era posible que alguien hubiese utilizado las palabras para retorcer la dialéctica, hasta el punto de haber sido capaz de establecer lo adecuado en situaciones en las que el alma está tan destrozada que parece polvo de cometas?

Sucias... sucias palabras. 

Julio se volvía más pequeño a cada segundo y Agustín tan solo podía morderse el labio y tragarse las lágrimas, mientras se maldecía a si mismo por no haber aprendido nunca cómo devolver la esperanza a quienes quería; o cómo devolverle la vida a una sonrisa que había quedado enterrada tras una mueca. 

El viento hizo su parte. Las cenizas volaron por el aire despidiéndose en el horizonte de aquel mar inmenso. 

Justo en ese momento Agustín abrazo a Julio, y se rompió el silencio de la única manera en que aquel día el sonido significaba algo. 

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