En quella habitación a oscuras no existia el tiempo, tan solo las caricias, y mientras se besaban uno se preguntó a donde llevaría todo eso; y entre tanto el otro solo podía pensar en aquellos labios que besaba, en el tacto de su piel y en que no quería que aquel encuentro se acabase nunca. Pero las cosas se terminan, todos lo sabemos, y en cierto modo hasta lo disfrutamos por que inconscientemente algo nos dice que tenemos que vivir cada efimero segundo, que tenemos que aferrarnos durante esos fugaces instantes a lo que algunos llaman felicidad y que otros piensan que tan solo son reacciones quimicas que se producen dentro de nuestro cerebro.
Cuando la luz comenzó a entrar por la ventana uno se giro hacia la pared dejando que su mirada se perdiese en el infinito, mientras que el otro se levanto de la cama y se lió un cigarrillo que encendio poco despues. El humo salía de sus labios y en su interior solo quedaba una sensación de melancolía, por que sabía lo que iba a ocurrir ahora que aquella oscuridad había desaparecido con el alba y las hormonas habían comenzado a disiparse de sus cerebros.
- ¿Y ahora? - Preguntó el segundo mientras apagaba el cigarro, aun conociendo la respuesta.
- Esto no debería haber pasado... - Respondió el primero con un leve tono de voz.
- No es lo que te he preguntado. - Reprochó cabizbajo y atemorizado frente a la inminente respuesta, que sin embargo necesitaba escuchar para hacerse realmente a la idea.
- Dejemoslo estar – dijo con inseguridad mientras se acurrucaba en una esquina de la cama.
- Pero... - Las palabras se ahogaban en su boca y no terminaron de salir, pero no hizo falta por que la respuesta había incidido sin esperar en aquella conversación pese a los pronosticos de excusas vagas que el segundo creía que iba a escuchar.
- No te quiero - Sentenció el primero con voz un hilo de voz que denotaba la culpabilidad que en esos momentos le estaba comiendo por dentro.
No hicieron falta más palabras, ni si quiera se miraron, uno se quedo tumbado en la cama, mientras el otro recogía sus cosas y la poca dignidad que le quedaba y salía por la puerta maldiciendose por dejar que aquello le afectase tanto, no lo comprendía o quizás no quería comprenderlo, pero ya no hacía falta que lo hiciese.
Cuando la luz comenzó a entrar por la ventana uno se giro hacia la pared dejando que su mirada se perdiese en el infinito, mientras que el otro se levanto de la cama y se lió un cigarrillo que encendio poco despues. El humo salía de sus labios y en su interior solo quedaba una sensación de melancolía, por que sabía lo que iba a ocurrir ahora que aquella oscuridad había desaparecido con el alba y las hormonas habían comenzado a disiparse de sus cerebros.
- ¿Y ahora? - Preguntó el segundo mientras apagaba el cigarro, aun conociendo la respuesta.
- Esto no debería haber pasado... - Respondió el primero con un leve tono de voz.
- No es lo que te he preguntado. - Reprochó cabizbajo y atemorizado frente a la inminente respuesta, que sin embargo necesitaba escuchar para hacerse realmente a la idea.
- Dejemoslo estar – dijo con inseguridad mientras se acurrucaba en una esquina de la cama.
- Pero... - Las palabras se ahogaban en su boca y no terminaron de salir, pero no hizo falta por que la respuesta había incidido sin esperar en aquella conversación pese a los pronosticos de excusas vagas que el segundo creía que iba a escuchar.
- No te quiero - Sentenció el primero con voz un hilo de voz que denotaba la culpabilidad que en esos momentos le estaba comiendo por dentro.
No hicieron falta más palabras, ni si quiera se miraron, uno se quedo tumbado en la cama, mientras el otro recogía sus cosas y la poca dignidad que le quedaba y salía por la puerta maldiciendose por dejar que aquello le afectase tanto, no lo comprendía o quizás no quería comprenderlo, pero ya no hacía falta que lo hiciese.